jueves, 23 de diciembre de 2010

Segunda parte de la ecuación (Parte 1)

Recordemos la ecuación de la sustentabilidad, presentada el 29 de noviembre en este blog. Ésta nos dice que el impacto a la naturaleza ocasionado por algún producto está afectado por cuatro factores antropogénicos:

Impacto total = i · m · u · P

i = impacto ocasionado por unidad de materia o energía utilizada durante el ciclo de vida del producto
m = total de materia o energía utilizada por producto o servicio
u = producto o servicio demandado por persona
P = población total que demanda el producto o servicio

Anteriormente tocamos el tema de la población total, y fue opinión de este blog que no existe una exagerada población en este país. Irónicamente se decidió realizar un primer vistazo a la segunda parte de la ecuación, la cantidad de productos y servicios que son demandados, justo en la semana de mayor consumo de productos. La u en la ecuación se refiere a la demanda. Hemos analizado con anterioridad el concepto de demanda latente, y continuaremos mencionándola posteriormente. Lo que analizaremos hoy es el verdadero problema de este país, y en sí, del mundo occidental y europeo: el consumo.

Salir el día de hoy a la calle implica horas de tránsito; salir el día de hoy a un centro comercial implica navegar un mar de gente y hacer al menos una hora de salida de un estacionamiento; es un hecho bien conocido que las ciudades, especialmente aquellas con alta densidad de población, durante la semana navideña se vuelven un caos (peor que el que de por sí ya son). Aunque tampoco critico a la gente, ellos deben realizar sus compras navideñas en algún momento, y desgraciadamente cuando viven en una economía esclavizante donde deben trabajar al menos 12 horas diarias para alguna corporación, es común que dejen todo para el último momento.

El concepto de consumo excesivo quizás pudo haber iniciado después de la Segunda Guerra Mundial. Recordemos que tras estos difíciles años de escasés los países se encontraban en crisis económica. Una solución se requería para reactivar la economía. Esta solución fue dada por el economista Victor Lebow en su Competencia de precios en el año de 1955:
"Nuestra economía enormemente productiva demanda que hagamos del consumo nuestra forma de vida, que convirtamos la compra y uso de productos en rituales, que busquemos nuestras satisfacciones espirituales y de ego, en consumo".

Entonces se creó el consumo excesivo. Lebow, con su pequeño discurso, logró modificar la conducta de miles de años por la que hoy nos rige. Los corporativos comenzaron a producir de más y a vender la idea de que el consumo era bueno, y entonces nuevas teorías de consumo aparecieron.

Anteriormente se justificaba el consumo por medio de necesidades humanas, aquellas que eran finitas y escasas, pero constantes. Estas necesidades fueron categorizadas por Maslow, el cual las generalizó en necesidades materiales, sociales y de crecimiento. Las necesidades básicas incluían satisfacer las necesidades fisiológicas del ser humano, necesidades de seguridad, necesidades de afecto, necesidades cognitivas, necesidades de estéticas y en la punta de su pirámide, las necesidades de pico.

Posteriormente, el consumo pasó a formar parte de las teorías económicas. Ya no era una satisfacción de necesidades básicas, sino una forma de reactivación de la economía. La generación de productos y servicios otorga empleos, los cuales son remunerados, con lo cual la gente puede adquirir estos productos y servicios, cerrando un ciclo de consumo. Sin embargo, el ciclo tiene fugas, pues generalmente la gran masa de capital termina en manos de unos cuantos, aunque sean miles de millones los que trabajen.

Por otro lado, el ensayo de Lebow no fue sino abrir una caja de Pandora, liberando un monstruo enorme de miles de cabezas. Actualmente la gente consume por varias, y a su vez descabelladas, razones. Existe el consumo patológico, donde la gente consume al haberse creado una necesidad falsa, o bien como Lebow propuso, el consumo se ha convertido en una deidad a tal grado que comprar un vestido o zapatos nos hace sentirnos bien. Existe el consumo por adquisición de estatus, el cual consiste en consumir para sentirse superior a alguien a un grado tal que cambiar de teléfono celular, coche o computadora con menor periodicidad parece una necesidad primaria. Esto ha creado falsos valores simbólicos y una identidad social.

Existe, sin embargo, un consumo que se denomina ordinario, el cual hace que los consumidores se vean encerrados en ciertos productos o servicios de los que no pueden actuar como agentes de cambio. Cuando existe una gama enorme de productos en el mercado, el consumidor es capaz de seleccionar y dar preferencia sobre otra a ciertos productos. Actúa como dijera Darwin: los productos más consumidos sobreviven. Cuando el producto o servicio está encerrado, no existe competencia, por lo que no hay darwinismo. Estos productos y servicios son, por lo general, aquellos donde existe un monopolio de algún sector: energéticos (gasolina para coches y transportes públicos), servicios públicos (alumbrado en las calles, pavimento, agua, gas, luz) o bien, trámites gubernamentales (documentos oficiales, pago de impuestos, cualquier servicio de burocracia). Al final uno puede quejarse, pero no dejar de consumirlos, por lo que la mejora en un producto o servicio será siempre más lenta.

Existen entonces algunas soluciones que se proponen, cada una con sus contras y sus pros. Esto, sin embargo, se discutirá sucesivamente.

martes, 7 de diciembre de 2010

De Internet y otros demonios

Primero que todo debo disculparme por no haber escrito en el blog durante el fin de semana. Mi idea era analizar un fenómeno que cobró alta popularidad durante la semana pasada. Desgraciadamente no hablo de la COP16 en Can Cún, a eso nadie le da tanta importancia, sino los Wikileaks. Sin embargo debo justificarme: tuve un problema con mi sistema de Internet. Esto me dio oportunidad de recapacitar nuevamente sobre un concepto que ya he abordado anteriormente: la demanda latente.

Es justo y necesario volver a definir el término. La demanda latente ocurre cuando un producto es introducido al mercado y un determinado público comienza a adquirir y a utilizar dicho producto. Otra forma de verlo: es una necesidad creada.

Si nos ponemos a ver películas de los años 80, incluso principios de los 90, parece increíble la cantidad de servicios y productos que no se tenían hace algunos años. Internet es el primero que me viene a la mente, pues es el que me vi en la penosa necesidad de carecer durante algunos días. Sin embargo, existen otros: telefonía celular, computadoras e ipods, por ejemplo.

Luego, uno puede irse más allá, y descubrirá que hemos creado necesidades donde antes no existían. La mayoría son aparatos eléctricos y electrónicos que consumen energía. Vayamos a un análisis local: el hogar. Los aparatos que se utilizan diariamente para nuestras actividades:
  • Cocinar: horno, estufa, refrigerador, licuadora, batidora, entre otros.
  • Alumbrado en el hogar.
  • Aparatos de trabajo o entretenimiento: computadoras (y todo el hardware que esto implica), celulares y teléfonos, televisores, juguetes de baterías, entre otros.
  • Limpieza: aspiradoras, pulidoras.
  • Hoy en día: reguladores de voltaje, no breaks.
Existen un sin número de aparatos. Ahora bien, analice los aparatos que están siempre conectados: vea la cantidad de focos que constantemente están prendidos. Simplemente un regulador o no break tiene al menos uno, el router de Internet al menos tres, y hoy en día existen millones de casas que utilizan apagadores de luz con un foco. Esto es electricidad que innecesariamente se está gastando en su casa. Y ya no hablemos de la oficina ni del coche. Y es entonces cuando la gente se pregunta ¿por qué llegan cuentas de luz de hasta 4,000 pesos al mes? Porque la electricidad se está constantemente utilizando en algo que simplemente no es necesario.

Pero ya hoy todo es electrónico. El teléfono, que no funcionaba con electricidad, ahora es un aparato electrónico más. Y es entonces aún más justo y necesario preguntarnos ¿acaso todo lo que alguna vez no fue necesario, hoy se ha convertido en una necesidad? Mi opinión es que ya hemos encontrado un estado de comodidad que hoy en día difícilmente queremos cambiar. Este argumento lo utilizaré más adelante para analizar la segunda parte de la ecuación de sustentabilidad.

Estas nuevas necesidades se hacen más latentes mientras más avanza la tecnología. Imaginemos que hace 20 años alguien nos hubiera dicho que podríamos comunicarnos con una persona en el otro lado del mundo, en tiempo real, con cámara y que además el servicio sería gratuito (relativamente). Nadie lo hubiera creído y hoy se llama Skype.

Pero incluso los servicios han evolucionado a tal grado que, muy a mi consideración, algunos están ya sobrecapacitados. Una persona que utiliza Internet para revisar correos electrónicos y alguna que otra página como banca en Internet, jamás sentirá la diferencia entre un sistema de Internet de 1 Mb/seg y uno de 20 Mb/seg... o 100 Mb/seg que ya existen en ciertos países. ¿Quién necesita 100 Mb/seg? Una persona que descarga aplicaciones, vídeos y música para que éstos descarguen en menos de 1 minuto... pero la gran sorpresa es que la mayoría de estas transacciones se consideran ilegales, entonces el mismo sistema, en este ejemplo, está sobrecapacitado para lo legal.

Y al final sólo cuenta preguntarnos ¿de dónde sale tanta energía? En un país como México más del 70% es de fuentes de energía fósil. El 21% proviene de presas hidroeléctricas. El resto, es una ridícula cifra distribuída en nuclear, geotérmica, eólica y aún más ridícula en solar. Traducción: cada actividad que se realiza en este país que requiera energía destruye el ambiente, ya sea al emitir gases de invernadero como el caso de la energía fósil, o por retención de flujo pluvial y destrucción de ecosistemas como ocurre con la energía hidráulica. Esto, sin embargo, será comentado posteriormente.

jueves, 2 de diciembre de 2010

De parquímetros y pilas

En ciertas zonas del Distrito Federal existe la modalidad de estacionarse en la calle y pagar a una máquina denominada parquímetro. Esto no creo que sea nada nuevo, pero consideré pertinente explicarlo. Si uno no paga al parquímetro, o se queda más tiempo de lo que ha pagado, los policías le ponen un candado al automóvil y tiene uno que pagar una multa de 5 salarios mínimos y $173 para que le quiten el candado. Esto suena justo.

Sin embargo, el sistema falla. Hay ocasiones en los que los parquímetros se "tragan" las monedas. ¿Qué significa esto? Que tú introduces una moneda (sólo acepta monedas de $1, $2 y $5, dándote 15 min. cada 2 pesos) y el sistema no incrementa el tiempo. ¿Qué haces entonces? Lo más sencillo es tomar tu coche y buscar otro parquímetro. Llega otro usuario al parquímetro, introduce una moneda y es el cuento de nunca acabar. Los policías están cazando coches que no hayan pagado, pero ¿quién anda cazando parquímetros descompuestos?

Un sistema inteligente anunciaría un teléfono para reportar en caso de fallo. Yo entonces con mi teléfono celular llamo y digo «el parquímetro número tal está descompuesto» y llegaría el técnico y lo arreglaría. ¡Pero no existe un número telefónico anunciado! Es más, en la multa viene la dirección de la oficina donde hay que pagar, pero ¡no viene ningún teléfono! Disculpen ustedes, pero para mí esto es indignante. Están buenos para poner multas, pero no para tener un sistema de mantenimiento adecuado a los parquímetros. ¿Cuánta gente ha sido robada por estas máquinas?

Esto no lo es todo. Resulta que el parquímetro se "traga" las monedas porque el sistema eléctrico del parquímetro no tiene la suficiente energía para reconocer la moneda y marcar el tiempo. Resulta estimado lector que los parquímetros utilizan baterias. ¡Miles de parquímetros, cada uno con una batería de 9V (de las cuadradas)! Y lo más hermoso: ¡Utilizan baterías desechables!

Perdone usted mi estimado lector, pero esto sí fue el colmo. Estamos pagando un sistema totalmente inútil y contaminante. El sistema debería tener una fuente de energía renovable. De usar baterías, deberían ser recargables. Las baterías desechables son completamente contaminantes. Algunos datos duros:
  • Las baterías están hechas de metales pesados como cadmio, mercurio, zinc y níquel. Al ser desechadas las baterías y degradarse la capa protectora, estos metales se filtran al subsuelo, contaminando suelos y aguas subterráneas (que se encuentran conectadas a ríos y eventualmente a los mares).
  • Una micro pila de mercurio es capaz de contaminar 600,000 litros de agua, mientras que una de zinc 12,000 litros, una de óxido de plata 14,000 litros y una pila común 3,000 litros.
¿Por qué un sistema puesto por un gobierno utiliza un sistema de energía tan contaminante? ¿No deberíamos de quejarnos para que impongan un sistema mejor? Bueno, y ya de paso me atrevo a sugerir no utilizar baterías no recargables, y de hacerlo por cualquier razón, depositarlas en los contenedores especiales para éstas (cualquier tienda de autoservicio o centro de atención a celulares tiene uno).

lunes, 29 de noviembre de 2010

Primera parte de la ecuación

Existe una pequeña ecuación que, si bien podría ser un poco lógica, es de suma importancia que entendamos y aprendamos a utilizarla. Es la ecuación de la sustentabilidad (yo utilizaría sostenibilidad, pero me han hecho entender que estoy en México, y es sustentabilidad). La ecuación nos dice que el impacto a la naturaleza que ocasiona un producto está ocasionado por cuatro factores ocasionados por el ser humano. La ecuación se ve así:

Impacto total = i · m · u · P

i = impacto ocasionado por unidad de materia o energía utilizada durante el ciclo de vida del producto
m = total de materia o energía utilizada por producto o servicio
u = producto o servicio demandado por persona
P = población total que usa el producto o servicio

Existen varias dimensiones que pueden ser analizadas. No quiero irme a casos específicos, sino a niveles mucho más generales. Cada caso específico debe ser analizado por su propia cuenta. El día de hoy analizaremos la primera parte de la ecuación: la P. Y es que viviendo en una ciudad de más de 20 millones de habitantes, la P es un problema evidente. Si pensamos en un mundo de más de 6 mil millones de habitantes (6 billones se dice en inglés), la P es un problema aún más evidente. Sobretodo si queremos que el total de la población mundial tenga igualdad de derechos y oportunidades.

¿Cómo vamos a solucionar un problema tan grande como disminuir la población? Este blog no pretende proponer soluciones de término fascistas, no quiere matanzas, no quiere epidemias, ni mucho menos. Pareciera que existe una sola solución, pero es a largo plazo: no tener hijos en exceso.

Lo ideal es adoptar. Ya hay muchos niños demandando una vida digna y condiciones familiares positivas. Aún así, adoptar no parece convencer a toda la gente.

Lo siguiente es tener un solo hijo por pareja. Esto se está haciendo ya en China, donde la población es de mil millones de habitantes (un sexto de la población mundial). Si bien esto parece una buena solución, tiene más implicaciones. A la larga existe una inversión en la pirámide poblacional: esto significa que eventualmente habrá mucho más gente de edad avanzada que jóvenes que los sostengan. Es un problema económico.

Una excelente opción es la sustitución de población. Tener dos hijos por pareja. Sin embargo, esto no decrece la población. Lo ideal es llegar a un nivel estable, y mantenerse. ¿Qué es estable? Eso no puedo contestarlo.

Al final, la P es relevante, pero poco se puede hacer con ella al corto o mediano plazo, y hacerlo al largo plazo puede tener implicaciones económicas graves.

Pero vayamos a un nivel un poco más local: México. Es un país con cerca de 110 millones de habitantes y al parecer ha comenzado un proceso de inversión piramidal, al menos eso reflejaba el censo de 2005. ¿Está México sobrepoblado?

La opinión de este blog es que no. Atención, no por eso debemos de poblarnos más. Alemania cuenta con cerca de 80 millones de habitantes viviendo en condiciones favorables. México es un país 5 veces más grande y con una mayor diversidad de recursos. Puede cargar con 110 millones de habitantes viviendo en condiciones favorables de forma sencilla. La zona metropolitana de la Ciudad de México con poco más de 20 millones de habitantes no puede. ¿Qué sucede entonces?

En México existe una falta de distribución: de población sobre el territorio y de riqueza sobre la población. Se requiere educación de calidad para poder explotar de forma adecuada los recursos de este país. Se requiere igualdad de oportunidades para distribuir mejor la riqueza. Se requieren desarrollos urbanos menos centralizados para distribuir mejor a la población. Esto entonces ayudará a resolver de manera más eficiente los problemas locales.

Si bien es un primer paso, entender la primera parte de la ecuación, después de analizarla nos damos cuenta que no es la parte que más afecta en México (aunque lo sea para la Ciudad de México). Las siguientes partes de la ecuación son aún más críticas y es donde se puede hacer demasiado al corto plazo, pero serán analizadas posteriormente.

domingo, 28 de noviembre de 2010

Segundo piso de periférico

Existe un concepto denominado demanda latente. Esto implica crear una necesidad, que es algo de lo más aberrante que criticaré a lo largo de mi vida. Las grandes compañías tienden a decir que La gente común no sabe lo que quiere, y ellas son capaces de satisfacer nuestras necesidades mediante la creación de nuevos productos o servicios. Cuando hablamos de una compañía trasnacional, es evidente que ellos producirán algo nuevo que mediante una impresionante campaña de publicidad nos darán unas ganas impresionantes de adquirir: han creado una nueva necesidad y por lo tanto la gente comienza a demandar. De esto hablaré mucho más en entradas subsecuentes. ¿Qué sucede cuando no es una corporación, sino una entidad gubernamental la que crea esta demanda?

Empezaré por analizar un caso de suma tristeza. En el año 2002 el entonces Jefe de Gobierno del Distrito Federal, Andrés Manuel López Obrador, convocó a un plebiscito para determinar si la ciudadanía estaba o no de acuerdo con la construcción de un proyecto que según él desahogaría considerablemente los niveles de tránsito en esta ciudad: El segundo piso del periférico. No miento en decir que la votación fue exageradamente desatendida por la ciudadanía, quienes apáticos decidieron no levantarse un domingo a resolver una cuestión que en millones de casos no les interesaba debido a que, o bien no residían en la zona (recordemos que la Ciudad de México es enorme) o bien no eran usuarios del transporte privado. Finalmente los pocos que votamos, y me incluyo, decidimos que no era una solución viable. El resultado: anulación del plebiscito por baja atención e imposición del proyecto. Al final se comenzó la obra que costó un aproximado de 500 millones de pesos.

Nos vamos ahora al año 2010. Dejaré de lado las ampliaciones que se han realizado en la zona del toreo, las cuales tristemente tampoco funcionan, pero además te cobran un peaje por ser utilizadas. Cuando yo decidí hace 8 años a votar en contra de este proyecto, tuve varias razones que hoy tristemente compruebo:

1. Andrés Manuel López Obrador era, y creo que a la fecha sigue siendo, un candidato de izquierda. Nunca entendí porqué realizar una obra que no beneficiaría a los más necesitados, sino a la gente que posee un automóvil. Entonces surge obviamente a mi mente un concepto utilizado siempre en política mexicana: populismo. Este señor deseaba a toda costa llegar a la presidencia, y debo admitir, casi lo logra. Por ello darles pensión a la gente de la tercera edad y otros proyectos sociales (aunque poner playas artificiales y pistas de hielo en el zócalo no lo considero proyecto social). Pero más importante: necesitaba hacer una gran obra que hiciera sonar su nombre en todo México. Bueno, no es el único que ha hecho esto, ni es el último que lo hará. Las obras en el Estado de México por Enrique Peña Nieto son un caso similar. El proyecto se hizo a fuerza para que este señor ganara popularidad.

2. Era, y sigue siendo, un proyecto largo. Tanto tiempo ha pasado y el proyecto no se ha terminado. Pasaron casi dos años para que la primera fase del proyecto fuera concluida: San Jerónimo - San Antonio. Hoy en día, el proyecto sigue sin concluirse. Está la línea de continuación, pero nada se ha hecho ya. Es un proyecto que quedará inconcluso.

3. López Obrador decía en conferencia de prensa: Es una solución que está comprobada en otras ciudades. Yo quisiera saber ¿cuáles? En Europa nunca vi un segundo piso: y eso que he estado en varias ciudades. Ni Londres, ni París, ni Estocolmo, ni Berlín, ni... ni... ni... ¿Saben qué sí vi? Un uso extraordinario de otros medios de transporte. Amsterdam es el paraíso de la bicicletas, si yo fuera bicicleta, quisiera vivir ahí. Un transporte público eficiente. ¿Por qué no en lugar de un segundo piso, se invirtió en cambiar los autobuses que lanzan un asqueroso humo del escape, entrenar a los conductores, hacer metrobuses, ampliar las líneas de metro...? Eso al parecer lo entendió mejor su sucesor, quien tiene otras cosas de las cuales podremos quejarnos más adelante.

4. ¿Alguna vez vieron un capítulo sumamente viejo de Los Simpson donde se hace un monoriel? Por alguna razón siempre me pareció un proyecto similar. El segundo piso es un proyecto mal construido. Si se caerá o no en algún temblor, no está en mí saberlo, yo no estuve involucrado en la construcción ni puedo saber a ciencia cierta si está bien proyectado para algún sismo, decirlo sería vender una idea que podría no ser cierta. Lo que sí es cierto es que hay ciertas curvas peligrosas que no deberían estar ahí, como la salida del sentido sur-norte a Romulo O'Farril o la salida sur-norte a Av. Alta Tensión.

5. En el sentido sur-norte, una vez arriba ¿cómo te bajas? Si tu propósito es ir del sur al norte por periférico, pues lamentamos informarle que lo sacaremos a otras vías (San Antonio o Av. Alta Tensión). No puedes regresar a periférico de forma directa. Y esto, sencillamente, es un fiasco, porque entonces ¿para qué haces un segundo piso? Toda la gente que se quiere mantener en periférico, se sigue por el primer piso y no has resuelto el problema.

6. ¿Qué sucede en el sentido norte-sur al término del segundo piso? Dos aglomeraciones de coches deben unirse en una sola. ¿Sirvió de algo? No, el tránsito en la zona de San Jerónimo es cada día peor. ¿Por qué? Recordemos la demanda latente, si tenemos más capacidad de coches, eso implica que habrá más coches porque la gente comienza a pensar que hay más vías, por tanto menos tránsito, y comienza a dejar de utilizar transporte público: el tránsito incrementa. Esto es tristemente uno de los fallos más grandes del mundo.

Pero el proyecto ya está comenzado, y va seguir siendo construido. Es un mal necesario. Dentro de lo positivo es que genera empleos en el sector de la construcción (aunque realizar obras para el transporte público también los genera). ¿Qué hacemos ahora? Tristemente no puedo sugerir una solución, lo bailado ya nadie nos lo quita. Entonces, ¿para qué sacar esto a la luz? Que sirva como antecedente de que los proyectos de este estilo no funcionan, no son soluciones integrales y no debemos apoyarlos. Más puntos en su contra (un tanto superficiales quizás):

7. Un segundo piso no te hace mejor ciudad, ni mejor país.

8. No se ve bonito, aunque digan lo que digan, le dieron en la madre a la vista. La bandera tan imponente de San Jerónimo fue opacada, y la gente que trabaja o vive ahí les desmadradaron su vista.

Existen soluciones al infernal tránsito de la ciudad. Estas implican cambios sociales, pero serán discutidas posteriormente.

Introducción

Todo blog debe tener una introducción, para dar a conocer lo que intenta lograr. Anteriormente inicié un blog para expresar las ideas que martirizaban mi mente. Éste es otro intento de sacar a flote esas ideas, pero con un propósito distinto. Hay quien dice que soy un experto en quejarme... es quizás algo que se me da bien. Bueno, quejarse de las cosas erróneas es naturaleza humana, creo yo, por eso cree este espacio. Y es que todos necesitamos sólo una razón para poner nuestra queja. Aquí intentaré hacer críticas instructivas y constructivas de lo que enfrentamos en el mundo diariamente. Pero quejarnos es una actividad vaga e infructuosa, en la queja tendré que dar una propuesta de solución a aquello de lo que me quejo...

El resultado esperado: Activar el diálogo y generar soluciones para seguir construyendo un mundo mejor.

Las categorías usuales que veremos: Ciudad de México (porque es donde vivo y hay mucho donde trabajar), México (porque es mi país y quiero hacerlo mejor), el mundo en general (pues todos habitamos ahí).

Este blog no pretende hacer críticas destructivas, sino analizar las situaciones de la vida cotidiana. Está hecho sin fines de lucro, sin intereses partidistas o hacia cualquier tipo de organización privada o pública. No desea hacer generalizaciones inadecuadas ni estereotipos. No pretende insultar opiniones de figuras, pero sí las analizará en ocasiones. Tampoco pretende hacer comentarios del tipo racista, clasista, machista, feminista, fascista, etc. Nunca criticará religiones, partidos políticos, deportes u organizaciones en general, sólo hará uso de casos específicos que afecten a la población.