lunes, 29 de noviembre de 2010

Primera parte de la ecuación

Existe una pequeña ecuación que, si bien podría ser un poco lógica, es de suma importancia que entendamos y aprendamos a utilizarla. Es la ecuación de la sustentabilidad (yo utilizaría sostenibilidad, pero me han hecho entender que estoy en México, y es sustentabilidad). La ecuación nos dice que el impacto a la naturaleza que ocasiona un producto está ocasionado por cuatro factores ocasionados por el ser humano. La ecuación se ve así:

Impacto total = i · m · u · P

i = impacto ocasionado por unidad de materia o energía utilizada durante el ciclo de vida del producto
m = total de materia o energía utilizada por producto o servicio
u = producto o servicio demandado por persona
P = población total que usa el producto o servicio

Existen varias dimensiones que pueden ser analizadas. No quiero irme a casos específicos, sino a niveles mucho más generales. Cada caso específico debe ser analizado por su propia cuenta. El día de hoy analizaremos la primera parte de la ecuación: la P. Y es que viviendo en una ciudad de más de 20 millones de habitantes, la P es un problema evidente. Si pensamos en un mundo de más de 6 mil millones de habitantes (6 billones se dice en inglés), la P es un problema aún más evidente. Sobretodo si queremos que el total de la población mundial tenga igualdad de derechos y oportunidades.

¿Cómo vamos a solucionar un problema tan grande como disminuir la población? Este blog no pretende proponer soluciones de término fascistas, no quiere matanzas, no quiere epidemias, ni mucho menos. Pareciera que existe una sola solución, pero es a largo plazo: no tener hijos en exceso.

Lo ideal es adoptar. Ya hay muchos niños demandando una vida digna y condiciones familiares positivas. Aún así, adoptar no parece convencer a toda la gente.

Lo siguiente es tener un solo hijo por pareja. Esto se está haciendo ya en China, donde la población es de mil millones de habitantes (un sexto de la población mundial). Si bien esto parece una buena solución, tiene más implicaciones. A la larga existe una inversión en la pirámide poblacional: esto significa que eventualmente habrá mucho más gente de edad avanzada que jóvenes que los sostengan. Es un problema económico.

Una excelente opción es la sustitución de población. Tener dos hijos por pareja. Sin embargo, esto no decrece la población. Lo ideal es llegar a un nivel estable, y mantenerse. ¿Qué es estable? Eso no puedo contestarlo.

Al final, la P es relevante, pero poco se puede hacer con ella al corto o mediano plazo, y hacerlo al largo plazo puede tener implicaciones económicas graves.

Pero vayamos a un nivel un poco más local: México. Es un país con cerca de 110 millones de habitantes y al parecer ha comenzado un proceso de inversión piramidal, al menos eso reflejaba el censo de 2005. ¿Está México sobrepoblado?

La opinión de este blog es que no. Atención, no por eso debemos de poblarnos más. Alemania cuenta con cerca de 80 millones de habitantes viviendo en condiciones favorables. México es un país 5 veces más grande y con una mayor diversidad de recursos. Puede cargar con 110 millones de habitantes viviendo en condiciones favorables de forma sencilla. La zona metropolitana de la Ciudad de México con poco más de 20 millones de habitantes no puede. ¿Qué sucede entonces?

En México existe una falta de distribución: de población sobre el territorio y de riqueza sobre la población. Se requiere educación de calidad para poder explotar de forma adecuada los recursos de este país. Se requiere igualdad de oportunidades para distribuir mejor la riqueza. Se requieren desarrollos urbanos menos centralizados para distribuir mejor a la población. Esto entonces ayudará a resolver de manera más eficiente los problemas locales.

Si bien es un primer paso, entender la primera parte de la ecuación, después de analizarla nos damos cuenta que no es la parte que más afecta en México (aunque lo sea para la Ciudad de México). Las siguientes partes de la ecuación son aún más críticas y es donde se puede hacer demasiado al corto plazo, pero serán analizadas posteriormente.

domingo, 28 de noviembre de 2010

Segundo piso de periférico

Existe un concepto denominado demanda latente. Esto implica crear una necesidad, que es algo de lo más aberrante que criticaré a lo largo de mi vida. Las grandes compañías tienden a decir que La gente común no sabe lo que quiere, y ellas son capaces de satisfacer nuestras necesidades mediante la creación de nuevos productos o servicios. Cuando hablamos de una compañía trasnacional, es evidente que ellos producirán algo nuevo que mediante una impresionante campaña de publicidad nos darán unas ganas impresionantes de adquirir: han creado una nueva necesidad y por lo tanto la gente comienza a demandar. De esto hablaré mucho más en entradas subsecuentes. ¿Qué sucede cuando no es una corporación, sino una entidad gubernamental la que crea esta demanda?

Empezaré por analizar un caso de suma tristeza. En el año 2002 el entonces Jefe de Gobierno del Distrito Federal, Andrés Manuel López Obrador, convocó a un plebiscito para determinar si la ciudadanía estaba o no de acuerdo con la construcción de un proyecto que según él desahogaría considerablemente los niveles de tránsito en esta ciudad: El segundo piso del periférico. No miento en decir que la votación fue exageradamente desatendida por la ciudadanía, quienes apáticos decidieron no levantarse un domingo a resolver una cuestión que en millones de casos no les interesaba debido a que, o bien no residían en la zona (recordemos que la Ciudad de México es enorme) o bien no eran usuarios del transporte privado. Finalmente los pocos que votamos, y me incluyo, decidimos que no era una solución viable. El resultado: anulación del plebiscito por baja atención e imposición del proyecto. Al final se comenzó la obra que costó un aproximado de 500 millones de pesos.

Nos vamos ahora al año 2010. Dejaré de lado las ampliaciones que se han realizado en la zona del toreo, las cuales tristemente tampoco funcionan, pero además te cobran un peaje por ser utilizadas. Cuando yo decidí hace 8 años a votar en contra de este proyecto, tuve varias razones que hoy tristemente compruebo:

1. Andrés Manuel López Obrador era, y creo que a la fecha sigue siendo, un candidato de izquierda. Nunca entendí porqué realizar una obra que no beneficiaría a los más necesitados, sino a la gente que posee un automóvil. Entonces surge obviamente a mi mente un concepto utilizado siempre en política mexicana: populismo. Este señor deseaba a toda costa llegar a la presidencia, y debo admitir, casi lo logra. Por ello darles pensión a la gente de la tercera edad y otros proyectos sociales (aunque poner playas artificiales y pistas de hielo en el zócalo no lo considero proyecto social). Pero más importante: necesitaba hacer una gran obra que hiciera sonar su nombre en todo México. Bueno, no es el único que ha hecho esto, ni es el último que lo hará. Las obras en el Estado de México por Enrique Peña Nieto son un caso similar. El proyecto se hizo a fuerza para que este señor ganara popularidad.

2. Era, y sigue siendo, un proyecto largo. Tanto tiempo ha pasado y el proyecto no se ha terminado. Pasaron casi dos años para que la primera fase del proyecto fuera concluida: San Jerónimo - San Antonio. Hoy en día, el proyecto sigue sin concluirse. Está la línea de continuación, pero nada se ha hecho ya. Es un proyecto que quedará inconcluso.

3. López Obrador decía en conferencia de prensa: Es una solución que está comprobada en otras ciudades. Yo quisiera saber ¿cuáles? En Europa nunca vi un segundo piso: y eso que he estado en varias ciudades. Ni Londres, ni París, ni Estocolmo, ni Berlín, ni... ni... ni... ¿Saben qué sí vi? Un uso extraordinario de otros medios de transporte. Amsterdam es el paraíso de la bicicletas, si yo fuera bicicleta, quisiera vivir ahí. Un transporte público eficiente. ¿Por qué no en lugar de un segundo piso, se invirtió en cambiar los autobuses que lanzan un asqueroso humo del escape, entrenar a los conductores, hacer metrobuses, ampliar las líneas de metro...? Eso al parecer lo entendió mejor su sucesor, quien tiene otras cosas de las cuales podremos quejarnos más adelante.

4. ¿Alguna vez vieron un capítulo sumamente viejo de Los Simpson donde se hace un monoriel? Por alguna razón siempre me pareció un proyecto similar. El segundo piso es un proyecto mal construido. Si se caerá o no en algún temblor, no está en mí saberlo, yo no estuve involucrado en la construcción ni puedo saber a ciencia cierta si está bien proyectado para algún sismo, decirlo sería vender una idea que podría no ser cierta. Lo que sí es cierto es que hay ciertas curvas peligrosas que no deberían estar ahí, como la salida del sentido sur-norte a Romulo O'Farril o la salida sur-norte a Av. Alta Tensión.

5. En el sentido sur-norte, una vez arriba ¿cómo te bajas? Si tu propósito es ir del sur al norte por periférico, pues lamentamos informarle que lo sacaremos a otras vías (San Antonio o Av. Alta Tensión). No puedes regresar a periférico de forma directa. Y esto, sencillamente, es un fiasco, porque entonces ¿para qué haces un segundo piso? Toda la gente que se quiere mantener en periférico, se sigue por el primer piso y no has resuelto el problema.

6. ¿Qué sucede en el sentido norte-sur al término del segundo piso? Dos aglomeraciones de coches deben unirse en una sola. ¿Sirvió de algo? No, el tránsito en la zona de San Jerónimo es cada día peor. ¿Por qué? Recordemos la demanda latente, si tenemos más capacidad de coches, eso implica que habrá más coches porque la gente comienza a pensar que hay más vías, por tanto menos tránsito, y comienza a dejar de utilizar transporte público: el tránsito incrementa. Esto es tristemente uno de los fallos más grandes del mundo.

Pero el proyecto ya está comenzado, y va seguir siendo construido. Es un mal necesario. Dentro de lo positivo es que genera empleos en el sector de la construcción (aunque realizar obras para el transporte público también los genera). ¿Qué hacemos ahora? Tristemente no puedo sugerir una solución, lo bailado ya nadie nos lo quita. Entonces, ¿para qué sacar esto a la luz? Que sirva como antecedente de que los proyectos de este estilo no funcionan, no son soluciones integrales y no debemos apoyarlos. Más puntos en su contra (un tanto superficiales quizás):

7. Un segundo piso no te hace mejor ciudad, ni mejor país.

8. No se ve bonito, aunque digan lo que digan, le dieron en la madre a la vista. La bandera tan imponente de San Jerónimo fue opacada, y la gente que trabaja o vive ahí les desmadradaron su vista.

Existen soluciones al infernal tránsito de la ciudad. Estas implican cambios sociales, pero serán discutidas posteriormente.

Introducción

Todo blog debe tener una introducción, para dar a conocer lo que intenta lograr. Anteriormente inicié un blog para expresar las ideas que martirizaban mi mente. Éste es otro intento de sacar a flote esas ideas, pero con un propósito distinto. Hay quien dice que soy un experto en quejarme... es quizás algo que se me da bien. Bueno, quejarse de las cosas erróneas es naturaleza humana, creo yo, por eso cree este espacio. Y es que todos necesitamos sólo una razón para poner nuestra queja. Aquí intentaré hacer críticas instructivas y constructivas de lo que enfrentamos en el mundo diariamente. Pero quejarnos es una actividad vaga e infructuosa, en la queja tendré que dar una propuesta de solución a aquello de lo que me quejo...

El resultado esperado: Activar el diálogo y generar soluciones para seguir construyendo un mundo mejor.

Las categorías usuales que veremos: Ciudad de México (porque es donde vivo y hay mucho donde trabajar), México (porque es mi país y quiero hacerlo mejor), el mundo en general (pues todos habitamos ahí).

Este blog no pretende hacer críticas destructivas, sino analizar las situaciones de la vida cotidiana. Está hecho sin fines de lucro, sin intereses partidistas o hacia cualquier tipo de organización privada o pública. No desea hacer generalizaciones inadecuadas ni estereotipos. No pretende insultar opiniones de figuras, pero sí las analizará en ocasiones. Tampoco pretende hacer comentarios del tipo racista, clasista, machista, feminista, fascista, etc. Nunca criticará religiones, partidos políticos, deportes u organizaciones en general, sólo hará uso de casos específicos que afecten a la población.